sábado, 28 de julio de 2012

Sketches de Nueva York (9ª jornada)



Guggenheim & Neue Galerie

Por la mañana el Guggeheim, totalmente ocupada su rampa central por una exposición de Louise Bougeois, casi todas las obras las habíamos visto ya en otra retrospectiva, mucho más importante y mejor montada, que organizó el Reina Sofía hace unos siete años, cuando esta vitalísima viejecita todavía no se había convertido en la figura mediática que es en la actualidad. Las piezas son básicamente las mismas, auque creo que en Madrid había alguna que no está aquí, de lo que sí estoy seguro es de que el montaje del Reina le daba cien mil vueltas a este. El problema está en la famosa rampa espiral, ciertamente espectacular como todo el edificio, que funciona perfectamente cuando lo que se exponen son los cuadros de pequeño y mediano formato que constituyen el núcleo de la Colección del Museo (seguramente las obras que tenía en mente el arquitecto cuando diseñó el edificio), pero las cosas cambian cuando se exhiben objetos o cuadros un poco más grandes, que requieren un espacio con cierto desarrollo horizontal o vertical, en ese caso la rampa se convierte en un molesto -y estrechísimo- plano inclinado sobre el que es imposible asentar adecuadamente cualquier propuesta; las esculturas se convierten en mesas mal equilibradas, y los cuadros parecen todos torcidos. En el caso concreto de Louise Bourgeois las consecuencias son especialmente graves: su poética está fraguada, en la mayor parte de las obras, con numerosas referencias al hogar paterno como espacio arquitectónicamente opresor, de reclusión y angustia, y aquí las instalaciones de “cuarto cerrado”, y las esculturas de carne lacerada se resienten de esta proximidad circular: se ven todas a la vez, parece un carrousel, el tren del miedo de un parque de atracciones. Los horrores y las angustias nocturnas de una adolescente en un caserón se muestran con mayor intensidad en una sucesión de espacios expositivos bien delimitados, y pierden parte de su fuerza dramática en este pasillo inclinado y panóptico,.., y falta además una cierta intimidad del espectador ante a la obra. La rampa modelando el hueco del edificio tiene algo de lugar de paso, de ese espacio neutro, ni interior ni exterior, que conforman los Centros Comerciales,..., y eso desgraciadamente no pudo preverlo Frank Lloyd Wright, aunque quizá sí, sin saberlo, anunciarlo y prefigurarlo.
Sólo una manzana al sur del Guggenheim está la Neue Galerie, un antiguo palacete de los Rockefeller que ahora alberga una colección de cuadros, dibujos, joyas y muebles de la Viena expresionista y de entreguerras. Aquí sí se da una total identificación entre las obras y el espacio expositivo. Pocos cuadros y dibujos, pero casi todos extraordinarios: Otto Dix, Oskar Kokoscha, Max Beckmann,..., Kirchner, Nolde, Klimt, Klee, Schiele,..., y una pequeña delicia de Macke, y ya es el segundo o tercero que veo estos días, por sus colores acidos y su cortísima vida siempre me hace pensar en nuestro malogrado Guillermo Monroy.
Tomamos un café “vienés” en la cafetería del museo, posiblemente el antiguo salón recibidor del palacete, paredes forradas de maderas nobles, techos artesonados, enormes ramos de flores y camareros silenciosos que levitan,..., como levitarían los sirvientes en la Viena fin de siécle. La exposición se completa con una colección de diseños para joyas, y una pequeña selección de muebles de la época, piezas históricas bastante deterioradas, pero indestructibles de espíritu, llenas de fuerza y encanto,..., todos los productos culturales de esta momento/lugar nos seducen poderosamente, sentimos que nosotros mismos estamos construidos con esos materiales, diseñados sobre esas mesas de dibujo. Que aquí se engendrara la locura fanática del nazismo es algo sobre lo que no debemos dejar de reflexionar ni un solo día.
Comida en un restaurante “español”, vino catalán y descomunales pimientos “de Padrón” con aspecto de chiles, croquetas de jamón y patatas bravas. Visita a los discos de jazz en la Virgin. Cena en un local del barrio, el famosísimo Katz´s Deli, con toda una pared forrada con fotos de famosos desconocidos,..., me cuentan que aquí Meg Ryan fingía un orgasmo en público a la hora del almuerzo en “Cuando Harry encontró a Sally”.

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