jueves, 2 de agosto de 2012

Sketches de Nueva York (10ª jornada)



Coney Island & Jazz standard

La mañana gris, la playa vacía, sucia y recién rastrillada, desierto el altísimo muelle sobre pilares de hormigón, más vigilantes de salvamento que bañistas, policía por tierra, mar y aire,..., y los viejos parques de atracciones, ¿qué puede parecer más solitario que un parque de atracciones un lunes a primera hora de la mañana? Cuando nos vayamos, varias horas más tarde, todo esto estará lleno de gente, la playa, el paseo, las instalaciones del Acuario (otra vez cientos de pequeños escolares, casi todos negros), ..., y el famoso Nathan´s (since 1916), donde nos tomamos unos perritos calientes de pie, después de aguantar una larga cola, la empleada de la caja, una mal encarda afroamericana se esforzará con mucho empeño en no entender nuestro precario inglés, ..., no será la última vez que esto nos pase, y tengo la impresión de que les molesta nuestro bulliciosa charla hispana.
Esta tarde concierto de jazz en el Jazz Standard, vamos hacia allí sin saber exactamente qué podremos oír, pero hemos averiguado que es uno de los locales con mejor programación de la ciudad,..., el club está en un sótano y está asociado o pertenece al mismo dueño que un asador situado justo encima, con lo que se puede ver un concierto de Cecil Taylor a la vez que se da cuenta de un chuletón de kentucky,..., nosotros no llegamos a tanto en ninguno de los dos aspectos, el primer pase es muy temprano, a las 7 de la tarde, y nos arreglamos con unos gin tónics y cócteles variados (a los adolescentes volvieron a pedirles el DNI), y la actuación resultó ser la de una para mi desconocida pianista: Joanne Brackeen, en formación de cuarteto, con bajo, batería y tenor,..., no era Cecil Taylor pero demostró ser una excelente pianista, muy equilibrada entre cierto impresionismo lírico y la abstracción más contemporánea,..., una mujer plena de fuerza, que rondaría los 70 años, alta, flaca, esbelta, con vestido largo y boa de plumas, cabellera rizada gris-plateado, pamela y gafas estrechas para leer la partitura,..., con una voz suave y acariciadora, componía la figura de la tópica tía solterona y totalmente despistada de cualquier comedia inglesa de los 70, con un aire chiflado y anticonvencional,..., en la presentación del tema “Giant steps” (John Coltrane) se echó unas risas con el tenor, que no entendí, pero al salir, ya en la calle, leyendo el programa de mano nos enteramos de que el saxofonista (eficaz, pero discreto) que habíamos visto era Ravi Coltrane, el hijo de J. Coltrane. En primera fila, delante de nosotros, una mujer sola, y de más edad que la pianista, se cenó su buen plato de carne y ensalada, con una copita de vino blanco, después de haberse bajado como aperitivo un magnífico dry martini, todo ello sin dejar de prestar atención a los músicos y a los movimientos de los espectadores en las mesas vecinas,..., a la salida, nos paramos un momento en la puerta del club para consultar el mapa del metro, y nuestra vecina nos adelantó con buen paso, llena de vitalidad, perdiéndose entre la multitud de la calle 27.
De vuelta al barrio cenamos en el Prune, un sitio pequeñísimo con 6 ó 7 mesas, es la segunda vez que vamos, siempre entramos unos pocos minutos antes de que se cierre la hora de admisión, y salimos los últimos rondando ya las 12 de la noche, cuando ya llevan un buen rato recogiendo la cocina, es uno de los pocos restaurantes donde nadie habla español, pero sus dueñas –orondas y morenas, quizá con rasgos judíos orientales- ya nos reciben como si nos conocieran de toda la vida, con abrazos y tocamientos mediterráneos,..., para corresponder nos beberemos unas botellas de vino griego, y antes unas copitas de blanco francés en la micro-barra mientras esperamos que se vaya alguien y nos preparen la mesa.

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