sábado, 9 de abril de 2011

Ernesto García López. RITUAL

"Ritual", la nueva entrega poética de Ernesto García López en Amargord, supone una arriesgada y gozosa vuelta de tuerca en torno a algunos aspectos formales y conceptuales que ya se apuntaban en sus anteriores trabajos, muy especialmente en "El desvío del otro" (2008).
El yo poético, múltiple y proteico, se resquebraja ahora en un juego de espejos, sobrevive a salto de mata sobre un territorio movedizo. Cada nueva sección del libro es una puerta que se abre a un universo diferente: el lector gira indeciso en el centro del laberinto.
Se suceden situaciones de habla, códigos inestables que se pliegan y se desdoblan, al ritmo contrapunteado del fraseo, sobre una zona de tránsito: las voces vagan sin dueño y nuestro verdadero rostro solo se puede atisbar tras el rápido sucederse de las máscaras.


A quemarropa: insania

Rarificado por todo lo que es raíz. Brusco regresar a su
mismo detalle.
Miedo que eriza, mana, alza.

Harapos. Válvulas sin eco. Medialuz en el baldío—
Como un ensilladero
Como dos túneles sordos.

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A qué vernos así en desigual vejez
más ardidos por piedra que por cielo—
Única sobredosis entre sustancia y no

Necesitando absolutos

Llenando el horizonte de ratas.

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Linajes

Alegría de otro modo. Cantar, por ejemplo, hay dalias reverdecidas en tu voz o esta noche el viento silencia las alarmas de tus labios. Lebrel que espera alimento y aprende la arbitrariedad del palo. Llegados a este punto Padua nos enseña dos caminos: mantener la fe inquebrantable en la revelación o asumir la mayor cantidad posible de abandono.
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Antes de imponerse existían dos corazones. El primero reunía la escasez. El segundo envenenaba la abundancia. Del lazo umbilical de ambos brotaron los árboles y la escarcha y los océanos cuajados de velamen donde la vida es pertrecho, pámpano para la carencia. Como señales que el maestro de obra indica sobre la piel del edificio, nuestros cuerpos quedan avisados: unos debilitando la pared, otros haciéndola más firme.

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