miércoles, 17 de noviembre de 2010

Aimée. Lenguaje inspirado / Lenguaje enfermo

after Jacques Callot (1592 - 1635)

Aimée dice:
- “/.../ nada es urgente, pero allá se está amasando la tormenta”

- “/.../ durante el otoño, cuando los encinares engolosinan las bestias, entonces hay que correr”

- “/.../ y las colinas no ceden en nada, las colinas se alinean para la ofensiva, ebrias por los aromas de la maleza malva”

- “/.../ su corazón quema como tila, los planetas envueltos en llamas baten alas”

- “/.../ se calcula que habrá que perder cuatro días para casarse, ¡es mucho en plena temporada!, un día para comprar las telas, el otro para comprar el oro, el otro en casa de la costurera y el cuarto para firmar el contrato”

- /.../ quiero salir y me disparan unas ráfagas de reculada, y pago un derecho de muellaje”

- “/.../ sigue la multitud de mujeres ebrias / Hocicos sangrantes o lenguas asesinas / En los muslos inscripciones cifradas”

- “/.../ sigue la diosa de las maquinaciones infernales, la de pelos de perro en el vientre, /.../ ponte a leer su sobaco, le dice un descargador a otro”

    Aimée A. es el apodo clínico -¿el nombre de guerra?- de una mujer diagnosticada como demente paranoide (“el delirio que ha presentado la enferma ofrece la gama casi completa de los temas paranoicos de persecución y grandeza”). Aimée fue internada en una clínica psiquiátrica tras varios episodios violentos que culminaron con el intento de apuñalamiento de una conocida actriz. Durante su reclusión, en torno al año 1930, fue tratada por Jacques Lacan, que incluirá un detallado estudio del “caso Aimée” como apoyatura a los argumentos de su tesis doctoral “De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad”.

     Además de numerosas cartas y cuadernos con anotaciones relativas a sus delirios, Aimée es autora de una autobiografía, compuesta a petición del propio Lacan durante su estancia en la clínica, a la que tituló “Confesiones de Agachadiza” (en referencia a la pequeña ave limícola que, con su larguísimo pico flexible en la punta, se alimenta sorbiendo gusanos y pequeños moluscos de los fondos fangosos de los humedales); pero su obra más importante, tanto desde el punto de vista clínico como el literario, la constituyen dos novelas escritas antes del atentado que desencadenó su encierro: “El detractor” y “Salvo vuestro respeto”, de ellas se han extraído las citas con que se iniciaba este comentario.

     El caso de la desdichada Aimée no es más que un episodio suelto de esa narración, todavía sin escribir, que trace la cartografía de la relación entre experiencia clínica y escritura, que tantos frutos ha dado durante buena parte del siglo XX. La historia de una contaminación, en la que inevitablemente el lenguaje de la cura se va a contagiar del lenguaje de la enfermedad. Un capítulo perdido de la historia de la literatura, la historia de un emparentamiento cuya oficialización de esponsales podría datarse en el momento de la publicación en MINOTAURE, la revista más cool -y lujosa- del momento, de dos artículos de Jacques Lacan (“Le problème du style et la conception psychriatique des formes paranoïaques de l´expérience”, en Minotaure, nº 1, 1933 - “Motifs du crime paranoïaque”, en Minotaure, nº 3, 1933), compartiendo espacio con Picasso, Dalí, Breton, Eluard y toda la plana mayor del surrealismo.

    Apenas unos años antes (1928) André Breton había publicado “Nadja” y sentado las bases de la fascinación surrealista por la experiencia límite de vida y escritura. Inaugurando de paso un género documental que a lo largo de todo el siglo producirá una más que interesante serie de emparejamientos*, que van a cruzar con decisión las fronteras de la poesía y la literatura para extenderse a todos los territorios de lo pensado: filosofía, lingüística, antropología, sociología, ...estética y crítica de arte. 

     El contagio se propaga imparable y el lenguaje, de la mano de un pequeño grupo de inspirados grafomaníacos, se convierte, quizá de forma ya irreversible, en un compuesto químico altamente inestable. La fascinación por el decir delirante empuja a una exploración exhaustiva de la delgada frontera entre la genialidad y el desatino. El resultado terminará por quedar fijado en una suerte de escritura anfibia que podríamos llamar estilo delirante calculado, que dejará su impronta en buena parte del canon literario y filosófico de la segunda mitad del siglo XX, del que el propio Lacan es sin duda el ejemplo más destacado.

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*
André Breton / Nadja
Jacques Lacan / Aimée
Jacques Lacan / Marcelle
Marcel Duchamp / Raymond Roussel
Michel Foucault  / Raymond Roussel
Marcel Duchamp / Jean-Pierre Brisset
Gilles Deleuze / Louis Wolfson
Michel Foucault / Pierre Riviere
Jacques Lacan / Daniel Paul Schreber

domingo, 26 de septiembre de 2010

LA QUESTIONE MERIDIONALE


“NOI SIAMO LA MAGNA GRECIA” es uno de los cánticos que los seguidores (tifosi) del Crotone F. C. (Football Club) entonan cuando visita su estadio algún equipo (squadra) del norte de Italia / por si la cosa no quedara suficientemente clara un grupo de supporters / autodenominado Gioventù Pitagorica / ha adoptado como símbolo la imagen de un guerrero aqueo / son estos aficionados los que suelen corear al portero rival (aquí el informante / un erasmus peruano / utiliza la palabra arquero) “oi portie a fissa i mammta / eoooo / oi portie a fissa i mammta / eoooo / oi portie a fissa i mammta / eoooo” / mentándole la madre en dialecto calabrés (conchatumadre o chingatumadre en la versión peruana) / en contra de lo que pudiera parecer / estos animadores / cumplidores pitagóricos / preconizan la no violencia tal como se practicaba ya en la comunidad pitagórica de Crotona / una comuna científico-religiosa y vegetariana fundada en 518 a.C. que no excluía a las mujeres / como tampoco se las elude en la cancha del Crotone F. C. (temple del calcio) / donde las Figlie di Hera constituyen un grupo ancor più particolare / pues está compuesto exclusivamente por donne e ragazze que ya se han ganado el rispetto di tutta la curva dei sostenitori rossoblù / así sorprende que el corresponsal / cuya asistencia al menos a dos partidos en el Estadio Comunale Ezio Scida / está perfectamente documentada / no haga ningún comentario sobre estas animadoras femeninas / pero el mismo descuido mostró Aristóteles a la hora de citar a Pitágoras en el texto en que glosó / con poco disimulado escepticismo / una de sus más sugerentes ideas / LA MÚSICA DE LAS ESFERAS / algunos creen (esa es la fórmula que utiliza) que los cuerpos celestes emiten a través del éter series de sonidos armónicos cuya combinación produce una melodía permanente a la que llaman música de las esferas / afirman que tales sonidos resultan de la vibración producida por los movimientos rotatorios de los astros en el espacio cósmico / cada uno de ellos en un tono diferente de la escala musical en función del tamaño de los radios de sus órbitas / de la misma forma que las notas emitidas por las cuerdas de una lira dependen de su longitud / los hombres no pueden escuchar la melodía cósmica porque han crecido acostumbrados a ella / y porque los cuerpos celestes que giran sin tregua en sus órbitas producen sin cesar estas armonías / de modo que al no haber intervalos de silencio no se puede apreciar la música ya que ambos se perciben únicamente por su mutuo contraste / así y todo consideran los pitagóricos que la música de los hombres no es más que un eco / una sombra / de la música de las esferas que resuena en nuestro espíritu pese a que no podamos percibirla con los sentidos /

sábado, 11 de septiembre de 2010

CAPILLA ARDIENTE



"Souvenir" - Óleo/Lienzo - 195 x 162 cm - 2001 

el sentido es ave traviesa de paso leve y asustadizo / nunca se confía y elude todas las trampas / no hay celada que la retenga por mucho tiempo / voluble en extremo / con demasiada facilidad  se empeña en que lo turbio parezca claro / y ya no es posible saber si se están leyendo correctamente los signos / / recuerdo a una novia que en el momento del orgasmo me gritaba y/o me susurraba / ¡Mohamed! ¡Mohamed! / nunca le pregunté nada / aguardando que ella me revelara algún día su secreto / un pasado oscuro o una elaborada ensoñación erótica / algo que había enterrado tan hondo que sólo afloraba en momentos de máxima tensión y abandono / pasaban los días y el operístico pronunciamiento con que anunciaba sus éxtasis proporcionaba un excitante marco oriental a nuestros encuentros / que se teñían en mi imaginación con los colores y las fragancias de un harén de las mil y una noches / ya estaba planeando sorprenderla una tarde con la habitación constelada de velas encendidas / cojines adamascados / tapices en las paredes / barritas de sándalo y otros cachivaches de atrezo / cuando por alguna razón la relación se terminó y dejamos de vernos / años más tarde / por ciertas experiencias colaterales / llegué a colegir que lo que en realidad decía era ¡mójame! ¡mójame! / aunque ya nunca podré confirmarlo porque le he perdido totalmente la pista / y tampoco sé como podría preguntarle si me la encuentro el día menos pensado en cualquier sitio / una situación embarazosa no cabe duda / a lo mejor ya tiene hijos mayores y todo lo demás / / todavía no hace mucho tiempo que soñé con ella por última vez / sólo recuerdo que se tenía que marchar y yo no podía hacer nada por retenerla porque estaba viviendo como una estatua en la acera de un cruce de calles / al lado de un cajero automático y siempre tenía saldo / así que cuando ya se había dado la vuelta para irse sólo alcancé a decir a modo de despedida / `es como estar hecho de niebla y sentir que se acerca un vendaval´ / / ahora debo añadir / aunque no sé qué pueda tener que ver eso con el difunto de Mohamed / que la siguiente anotación recogida en el cuaderno donde registré el sueño / (y desde entonces una cosa no puede ir sin la otra) / era una noticia de prensa según la cual en un partido de la selección de fútbol de Irak los futbolistas suníes no le pasaban el balón a los compañeros chiíes / pero esto sólo sucedía al principio del encuentro / porque al final sí /

(De El ave fénix solo caga canela)

martes, 10 de agosto de 2010

¡MALDITA ANTIPOESÍA!

Sisar : Delator

Tembladera : Zarabanda

Trámites : Karma normal

Colisión : Renuncia

Proselitismo : Comezón o dentera

Poli malo : Poli bueno

Documentar : Introspectivo

Come santos : Caga diablos

Posibilidad : Rebumbio

Inversión del genitivo : Plano / contraplano

Desescuchar : Guerra de clones

Gesticula : Se ramifica

Doblepensar : Neolengua

Cobertizo : Ghetto Nuovo

Al pairo : Los dones

Torre de marfil : Casa de oro

Traspiés : Edén acaso

Conspiración : Campo de urnas

¡Tongo! : ¡Tongo!

Grupos de odio : Mapa del sitio

Pongo por caso : ¡Qué soso eras!

Sin tapujos : Abatir

Membrana : Desertar

Matadero : Vendaval

Tarantella : Organizar

Emboscada : Una de dos

(De El ave fénix solo caga canela)

Imagen: Potlatch #2 (óleo/lienzo, 100 x 100 cm.)

viernes, 30 de julio de 2010

El Fénix en CULTURAMAS


Reseña de Ernesto García López en
CULTURAMAS

Este libro nos invita a observarle desde dentro. El Ave Fénix solo caga canela a partir de El Ave Fénix solo caga canela. Una suerte de autoobservación empujada hacia otras posibilidades de lectura. Porque, como primer rasgo destacable del libro, encontramos precisamente eso, la verosimilitud de su propia contingencia, el desborde de sentido a partir de una lógica abierta, entrópica, dispuesta a contaminar y ser contaminada por la perspectiva del lector. Poemas que finalizan fuera del texto. Poemas que se alían con lo contra-textual. Poemas que bifurcan y dispersan y escogen, voluntariamente, la amnesia de sí mismos. Tres territorios diferentes. Uno, 37 poemas plagados de aporías, contradicciones, intersticios y juegos. Dos, un poema extenso (que da título al libro) donde se ofrece (alfabéticamente) una suerte de pandemónium de nuestra contemporaneidad. Tres, una treintena de poemas en prosa inclasificables, que más se acercan al reportaje alucinado, a la introspección proyectiva. El Ave Fénix solo caga canela visto desde dentro-fuera (usaré términos del propio Ángel Cerviño):

Asociación verbal. La poesía de este autor gallego parece un modo de regresar al acontecimiento de la escritura en tanto escritura. Rotas las cadenas de significación, reelaboradas las categorías del discurso, sus versos prefieren rastrear las posibilidades, aún intactas, de alteración del lenguaje como modo de acceso (o fracaso) a nuevos significados y discursos. Todo sirve. Asociaciones irracionales, visiones alucinadas, aparentes interrupciones del orden. Desestructuración. Expresionismo. Adulteración de lo aparente. Vanguardia y clasicismo traídos y asimilados en el seno de nuestra íntima perplejidad.

Cadena significante. Si tal y como señalara el lingüista C. Knight (1998), el lenguaje nació entre los primeros primates a modo de cristalización de nuevos niveles de cooperación social, dando como resultado la germinación de una suerte de “ficción comunal”, con cadenas de significante compartidas; Ángel Cerviño, asumido el desamparo y la desconcentración social de nuestros tiempos, prefiere desestabilizar esas “cadenas de significante” y someterlas a extrañas pruebas de resistencia. Poemas como desconexiones y recodificaciones. Apagado y encendido de nuestros sistemas culturales.

Catarsis. Frente a la literatura puramente ideacional, el reconocimiento del abismo. Aparentemente los poemas de Cerviño parecen jugar con las ideas, con las estrategias retóricas, levantando un “teatro de la lengua” (en términos de Barthes) que hará las delicias de los devotos del arte conceptual. Pero latiendo, casi emboscado, encontramos poemas que bien podrían suscribir estas palabras de Malcolm Lowry: “Y así, a veces, me tengo por un gran explorador que ha descubierto tierras extraordinarias de las que jamás podrá regresar para darlas a conocer al mundo: pues el nombre de estas tierras es infierno.” Leídos con atención uno ya no vuelve a ser el mismo. Algo se ha quebrado dentro. Algo ya no permanece inmóvil.

Identificación proyectiva. El desborde. La porosidad del yo, del nosotros, del tú. Las barreras levantadas. Las fronteras inhibidas. Asumido el acceso precario a la alteridad. Disipadas las lindes entre lo interior y lo exterior. Eliminada la mercancía-fetiche de la identidad, como si fuera un Golem o un nuevo Frankenstein, o, simplemente, lo que queda después de destilar las aparentes verdades de lo subjetivo. Ángel Cerviño nos pone en guardia contra estas falsas certezas. Igual que el Ave Fénix no es hijo ni de padre ni de madre (ni hombre ni mujer), sino que participa de ambos, una suerte de transgénero moderno, nuestra voz se enraíza en la propia identidad y en todo aquello que sobrevive fuera. Por eso es proyectiva. Por eso no reconoce las leyes del engendramiento.

Ligazón-locura. La palabra como modo de conectar sentidos y disiparlos. De hacer verosímil la realidad o enloquecerla. Poesía que arma. Poesía que desbarata. Intersticio entre la cordura y la enajenación. Conviven los dos lados de la mirada verlainiana: la de la Buena Canción de 1870 y la de la Sensatez de 1891. Lo que ensambla y lo que demencia.

Neurosis. Captada la temperatura de nuestra contem- poraneidad. Hombres y mujeres neurasténicos. El lenguaje como radiografía mental. El poema como etnografía del dolor psíquico. La sintaxis vuelve a ser negra. Los vínculos múltiples y debilitados. Poesía realista, pero no al modo figurativo, sino todo lo contrario, colocado en plano simbólico la posición paranoide de nuestra mente en medio de este capitalismo tardío.

Obsesión. Poemas-torrente. Poemas afiebrados. Poemas que se inundan a sí mismos. Solo la contención del ritmo. La musicalidad sincopada. Aunque puesta sobre la perversión y contra todo placer de órgano. La última sección del libro es una secuencia de poemas en chorro, vertiginosos, narrativos, vigorosamente lanzados contra la literatura de la miniatura, la exquisitez y el silencio. La escritura, como diría Enrique Vila-Matas, tomada como obsesión.

Reelaboración. Todos los materiales sirven para Ángel Cerviño. La tradición, la vanguardia, las artes visuales, el cine, la música, la ciencia, la filosofía. Cualquier señal es óptima para reescribir la vida y sus muertes. El Ave Fénix solo caga canela no teme sobreinterpretar ni suprimir, tampoco devolver al presente los hallazgos anteriores. Un libro como un resbaladero por donde se reencarnan todos los significados del hombre.

Subjetividad. La objetividad como imposición, como nueva ideología que es necesario desenmascarar, porque lo subjetivo es lo casi único posible. Mejor aceptar la precariedad de una mirada incompleta, que fingir la autoridad de lo imposible. Los poemas de este libro no renuncian a esa incompletud, y se hacen fuerte desde ella.

Tranferencia (de una pulsión en lo contrario). Siguiendo su lógica, los textos se proyectan desde su unidad dispersa hacia la boca del receptor, haciéndole partícipe de un mismo magma textual, enunciativo, donde han quedado desterradas, definitivamente, las fronteras entre autor y lector. Pero ese texto modificado en la fauce del otro regresa al propio libro regurgitado, transferido como una nueva pulsión, de modo que a cada lectura le sigue otro oscuro envés difícil de codificar. Contrarios que hacen de este libro una obra abierta. Casi todo permanece después de su aparente final. De aquí su vínculo, su acople a la aurora del Yo.

Nos encontramos ante un libro raro. Se acomoda mal a las nóminas manoseadas por los antólogos del momento. Aunque sí da cuenta de una cosa: que el panorama está cambiando, que tras décadas de solipsismo, figuración y encierro poético, empiezan a validarse como posibles nuevas aperturas antes desterradas. Ángel Cerviño, artista plástico, felizmente ahora poeta, contribuye a desentumecer ese recinto. Puede ser que a muchos lectores su propuesta les parezca árida, repetitiva, incluso impostada. Puede ser también que a otros les devuelva el riesgo por tentar los límites del lenguaje. De cualquier modo se trata de un texto valiente y honesto en su búsqueda. Como diría el propio Ángel Cerviño: “Palabras que parecen contraseñas / Y no son más que conjeturas o versos”. Nada más y nada menos.


Ernesto García López

Londres, julio 2010.


Infografía: Microfisuras #4 - A.C.

domingo, 11 de julio de 2010

José Luis Gómez Toré en KOULT

(Reseña publicada en el Magazine KOULT, 24- junio- 2010)

Con El ave fénix solo caga canela, el escritor y artista visual Ángel Cerviño (Lugo, 1956), ha ganado el Premio de Poesía Ciudad de Mérida. La propuesta, arriesgada desde el título, obliga al lector a participar en un juego constante de identificación y distanciamiento, de símbolos que se tejen y desgarraduras irónicas, en el que todo tipo de códigos, desde el de la poesía tradicional al psicoanálisis, pasando por los lenguajes cotidianos y la jerga de los textos especializados y de los mass-media, se entrecruzan para dibujar un paisaje enigmático en el que el sujeto es una encrucijada de voces (“pero sé que no amaré si no me consigo un nombre”).

El propio título juega al despiste, ya que a primera vista se nos presenta únicamente un gesto burlón ante la tradición literaria y los cánones culturales, pero, como se nos aclara en las primeras páginas, constituye una alusión culta a Lacan. En una finta casi barroca el poeta se mofa de la cultura a la que, sin embargo, pertenece. Resulta casi ocioso señalar que este poemario es un libro posmoderno, y sin embargo esto es decir demasiado poco: desde luego, nada tiene que ver con cierta posmodernidad de referencias apresuradas y lecturas de segunda mano. Por el contrario, en el juego inteligente y provocador (o inteligentemente provocador) que nos propone Cerviño se nos muestra que lo que Lyotard llamó la condición postmoderna es menos una ausencia de referentes que un exceso de estos, una biblioteca de Babel al modo de la de Borges que se revela como laberinto.

Algunos nombres relevantes de la apertura a la posmodernidad (Lacan, Foucault, Lévi-Strauss) nos han asomado a la perplejidad de ser hablados por el lenguaje. Así, en los textos de este libro el sujeto se esfuerza por tejer por unos instantes por una voz propia, para no ser arrollado por una marea de códigos y símbolos. Sin embargo, el poema sabe hacer de la necesidad virtud: si como afirman Deleuze y Guattari el arte, como la ciencia y la filosofía, es un combate contra el caos con las armas del caos, aquí el poeta se empeña en sumergirse en ese magma de voces para romper con los significados heredados. Como en la imprevista poética que constituye Sugerencias del departamento de marketing, se trata de acechar “a la hora temprana en que todas las palabras dormitan todavía en sus estantes esperando que las llamen para realizar las tareas del día ( /…/ el programa de mano para una representación de ópera / el artículo de un periódico deportivo / los diálogos de una novela inédita /…/ ) y una vez dentro / tomándolas desprevenidas / aprovecha ese momento de calma y silencio para provocar una explosión”.

Dicha explosión afecta entre otros (pero no exclusivamente) al lenguaje psicoanálitico, del que el poema que da título al libro constituye a la vez un homenaje y una parodia, tal vez porque el psicoanálisis nos ha revelado hasta qué punto esos “días atravesados por los símbolos” de los que hablaba Gamoneda son todos los días. No sólo lecturas del psicoanálisis como las de Lacan o Laplanche, sino ya el mismo Freud puso las bases para un cuestionamiento de las relaciones unívocas entre el significante y el significado (como ya supo ver el surrealismo, a pesar de que éste hizo una lectura muy sui generis de las teorías freudianas). Pero por eso mismo, la larga lista de términos psicoanalíticos que constituye el citado poema alerta sobre el riesgo de esclerotización que late en todo esfuerzo cultural por domeñar lo inconsciente, la tendencia a etiquetar, a retener la energía liberada en vez de acompañarla en un movimiento que puede ser destructivo pero también creador.

El estallido que provocan los propios movimientos del lenguaje hacen tambalear de igual modo las barreras entre verso y prosa, entre lo lírico y lo narrativo (o incluso entre lo lírico y lo ensayístico), entre el lenguaje convencionalmente literario y el, no menos convencionalmente, no literario. Y en medio de esos movimientos sísmicos un yo siempre perplejo, escindido y recompuesto a cada instante, un yo que nunca es uno y se sorprende de sus propias metamorfosis: “Euforia de colibrí / Pataleta de centauro”.

Imagen: Cromoterapia #2 (fragmento)

viernes, 2 de julio de 2010

MAKING OFF


en tales ocasiones suele suceder que la situación se vuelve explosiva / y en el momento más inesperado un incidente trivial actúa como detonante / sobre todo si se ha estado bebiendo demasiado durante demasiado tiempo / y pasan los días y nadie sale a dar la cara y ofrecer una explicación medianamente razonable que justifique la repentina paralización del rodaje / así que todo el personal / actores y técnicos incluidos / se ve obligado a acudir cada día al plató a esperar que alguien ordene reanudar el trabajo / o los envíe a casa con una buena indemnización y un saquito de promesas / (se hace efectivo el cheque y se tiran las promesas / ya se sabe cómo funciona esto) / mientras tanto el único que parece satisfecho es el responsable de la cafetería que no deja de servir sándwiches y cervezas / todos fuman y beben sin parar / beben y fuman sin parar / las conversaciones suben de tono y / a medida que se acumulan jornadas sin cobrar / las discusiones se inclinan a lo delirante y lo absurdo / rebuscando en los asuntos más peregrinos / volviendo una y otra vez sobre lo mismo / haciéndose repetitivas y previsibles / ... / en el bar el tráfago es incesante / la sala parece siempre abarrotada / como si alguien hubiera establecido un anárquico y eficaz sistema de turnos / casi todas las mesas están sobrecargadas / a cada una se han arrimado dos o tres sillas más de las que una sana geometría parece proponer / discutidores de a pie cubren los huecos entre los grupos sentados / y ante la barra / como oleadas de asalto / vienen a desfallecer pelotones de gesticulantes que reclaman sin éxito la atención de un par de camareras ya suficientemente irritables los días calmos / ... / sólo permanece aislada y en silencio en una mesa del fondo / La Zorra / ensimismada ante un plato con un racimo de uvas / nunca pide otra cosa que no sea “un racimo de uvas muy maduras / por favor” (insiste cada vez) / aunque no siempre las termina y en muchas ocasiones ni siquiera las toca / se queda toda la tarde en su rincón indiferente al bullicio / ... / en la mesa más próxima / dándole caritativamente la espalda / El Erizo y El Zorro / comparan sus tretas a gritos / jaleados y aplaudidos por sendos grupos de incondicionales descaradamente proclives al cambio de bando / ... / un poco más allá / recostadas contra el cenicero en el centro de otra mesa / volviéndose a cada rato para pedir algo de silencio a los volubles alborotadores / La Hormiga y La Cigarra / tratan de alcanzar un acuerdo y definir una estrategia común de cara al próximo invierno / ... / bajo la atenta mirada de El Lobo / cubierto de forma un tanto estrafalaria con una blanquísima y raquítica piel de oveja / que se sienta en la única silla ocupada de la mesa / (pese a la amabilidad obsequiosa y a la expresión ovejuna con que atisba alrededor / la suya es la única mesa en la que todavía quedan sillas vacías que nadie parece necesitar) / ... / a sus pies / volteada por la cerveza / dormita bajo la mesa La Tortuga / se agita y galopa paticorta por los prados del sueño / dando alcance a La Liebre en una vertiginosa curva / ... / ajeno a sus espasmos El Ratón / ostensiblememente borracho / se abraza una y otra vez a un grupo de compañeros / sobrios y ya impacientes / de los que acaba de recibir con ceremoniosas reverencias un cascabel anudado a una larga cinta de seda / ... / en el siguiente cónclave una partida de perros de caza de diverso pelaje e imprecisos rasgos raciales (si bien todos con cierta tendencia al bigote hirsuto) / se mantiene expectante en torno a la mesa en que Los Dos Conejos discuten escolásticamente altas cuestiones de anatomía canina / ... / las orejas enhiestas y peludas de la manada de cazadores fueron las primeras en detectar que algo estaba cambiando en la acústica del local / los sonidos se acoplaban y lo que antes era disonante y aun contrapuesto se engranaba ahora con recién descubiertas afinidades / todas las voces resonaron juntas / plenas de potencia y amenaza / en un inquietante zumbido / la tensión subió de tono condensando la atmósfera y estrechando el hueco del recinto / el ensordecedor estrépito pareció fundirse en un único latido / atronador como el primer rugido de una tormenta que oscurece el cielo y petrifica en un destello las ramas de los árboles / ... / los que estaban hablando bajaron la voz y las conversaciones se fueron apagando / los gestos se paralizaron inconclusos / la copa se detuvo a escasos centímetros del labio / el dedo índice permaneció alzado y no sacudió la ceniza del cigarrillo / ... / instintivamente todos alzaron la vista hacia lo alto / lámparas industriales y tubos de ventilación barnizados de grasa / ... / el silencio se espesó al mezclarse con el humo y se agrió con un vapor rancio de cerveza derramada que dificultaba la respiración / y justo en ese momento sonó / pura / cristalina / ridícula y desafinada / una nota de flauta / inmediatamente después se oyó a El Burro gritar “¡suena / suena!” / “¡ha sonado / ha sonado!” / ... / las carcajadas resultaron físicamente liberadoras / los diafragmas se dilataron / algunos se cayeron de las sillas convulsionados de risa / a los más se les saltaban las lágrimas / otros se palmeaban vigorosamente los muslos / todos remedaban las palabras de la acémila / y los que estaban más cerca lo abrazaban o le daban palmadas en la espalda / él sonreía a izquierda y derecha / atolondrado aceptaba las felicitaciones / y sin terminar de salir de su propio éxtasis repetía incrédulo / con una voz cada vez más baja / apenas audible en el tremendo barullo que su proeza había desencadenado / “¡suena / suena!” / “¡ha sonado / ha sonado!” /

(De El ave fénix solo caga canela)